La polémica granja de pulpos en Gran Canaria no saldrá adelante. La multinacional gallega liquida el proyecto de 65 millones de euros que preveía producir 3.000 toneladas de pulpo al año en el Puerto de Las Palmas. Tras cinco años de tramitación, el descarte llega motivado por estrictos requerimientos ambientales y una histórica presión internacional de la comunidad científica y colectivos ecologistas.
El controvertido plan para convertir a Canarias en el primer centro mundial de acuicultura industrial de cefalópodos ha llegado a su fin. La compañía multinacional Nueva Pescanova ha presentado formalmente su escrito de desistimiento ante la Autoridad Portuaria de Las Palmas, renunciando a la concesión de dominio público sobre una parcela de más de 52.000 metros cuadrados en la Dársena de La Esfinge.
El proyecto, cuya tramitación se inició en mayo de 2021, aspiraba a crear la primera granja comercial a gran escala del mundo dedicada al cultivo de pulpo común (Octopus vulgaris). Con una inversión superior a los 65 millones de euros, la instalación pretendía albergar un millón de ejemplares para abastecer un mercado global que mueve actualmente más de 12.700 millones de dólares anuales.
Granja de pulpos en Gran Canaria: el proyecto queda cancelado
Según ha trasladado la compañía, la decisión de retirar el expediente responde a «consideraciones de negocio y de incertidumbre regulatoria». En los últimos meses, la Comisión Autonómica de Evaluación Ambiental del Gobierno de Canarias había fijado nuevos condicionantes y exigencias técnicas que modificaban de forma sustancial los costes, plazos y parámetros de ejecución planteados en la propuesta original.
No obstante, la dirección de Nueva Pescanova ha matizado que este paso administrativo en Gran Canaria «no implica un reconocimiento de inviabilidad» respecto al desarrollo de la tecnología de cultivo en cautividad en otras ubicaciones o bajo diferentes formatos en el futuro.
La ciencia habla: Animales sintientes e incompatibles con la cautividad
Más allá de la burocracia, la granja se situó en el centro de un intenso debate ético y científico internacional. Investigadores, biólogos marinos y organizaciones ecologistas advirtieron desde el primer momento sobre la incompatibilidad biológica de someter a los pulpos a un régimen de cría intensiva.
A diferencia de otras especies acuícolas, el pulpo es un animal extraordinariamente complejo:
- Elevada inteligencia y autonomía: Dos tercios de sus neuronas no se encuentran en la cabeza, sino repartidas por sus tentáculos. Tienen capacidad de aprendizaje, memoria a largo plazo y resolución de problemas complejos.
- Conducta solitaria y territorial: En su hábitat natural son animales ermitaños. El hacinamiento en tanques industriales genera niveles severos de estrés, desencadenando comportamientos agresivos, canibalismo y automutilación.
- Sensibilidad al dolor: La comunidad científica internacional ha reconocido formalmente a los cefalópodos como seres sintientes, capaces de experimentar dolor físico y sufrimiento psicológico.
Asimismo, los colectivos de bienestar animal denunciaron reiteradamente el método de sacrificio proyectado —mediante baños de agua helada con salmuera a -3 °C— por considerarlo una muerte lenta y cruenta por hipotermia.
Impacto ecológico de la granja de pulpos
Desde el punto de vista medioambiental, expertos en sostenibilidad cuestionaron la lógica ecológica de la instalación. Al tratarse de una especie estrictamente carnívora, alimentar a un millón de pulpos exigía ingentes cantidades de harina y aceite de pescado, lo que habría acentuado la presión sobre las poblaciones de peces salvajes en lugar de aliviar la sobrepesca.
A ello se sumaban los riesgos de vertidos de nitrógeno y fósforo al litoral del Puerto de Las Palmas, así como la posible propagación de patógenos o bacterias en el ecosistema marino canario.
Un hito en la regulación ambiental de Canarias
Con el archivo definitivo del del proyecto de la granja de pulpos en Gran Canaria, el Archipiélago cierra uno de los capítulos más debatidos de su historia reciente en materia de innovación y medio ambiente. La decisión sienta un precedente internacional significativo en el campo de la acuicultura y consolida la posición de Canarias en el debate ético sobre la sostenibilidad marina.
Para la comunidad científica y conservacionista, la retirada del proyecto supone un triunfo de la prudencia ecológica y el bienestar animal frente a la expansión industrial desmedida en los océanos, en un momento donde la ciencia en las Islas sigue centrada en proteger el patrimonio natural e histórico, como los recientes hallazgos en la Cueva de Los Cabezazos en Tegueste.

