El 2 de octubre se produjo el histórico eclipse total Canarias 1959, una fecha marcada a fuego en la memoria colectiva del archipiélago. Ese mediodía, el cielo se apagó por completo: la Luna ocultó al Sol sumergiendo a las islas en una oscuridad absoluta durante casi dos minutos y medio. En una época marcada por la posguerra y la superstición, el fenómeno desató el pánico popular, pero también convirtió a las islas en la capital científica del planeta. Sin embargo, este no fue el primer encuentro documentado de los canarios con la oscuridad a mediodía.
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El eclipse total Canarias 1959: un fenómeno único en España
Canarias tuvo el privilegio geográfico de ser el único territorio español donde se pudo observar en su plenitud la «fase de totalidad» del eclipse solar de 1959. Una franja de sombra de 100 kilómetros de ancho atravesó el archipiélago en diagonal, cruzando el noreste de Tenerife, el centro de Gran Canaria y el sur de Fuerteventura.
En el resto de las islas y en la península, el eclipse solo fue parcial, pero dentro de esa franja mágica, el día se convirtió en noche, las estrellas se hicieron visibles y la temperatura bajó de golpe varios grados, sembrando el desconcierto entre la población.
«¡Ponme la comida ya!»: El pánico popular al fin del mundo
La Canarias de 1959 era muy distinta a la actual. Marcada por la posguerra, la escasez y las colas de racionamiento, la información científica no llegaba a todos los rincones con facilidad. Para muchos canarios, la repentina desaparición del Sol a mediodía solo podía significar una cosa: el apocalipsis.
Entre rezos multitudinarios, llantos y temor, muchos abuelos recuerdan el ambiente de aquel mediodía sombrío. Cuenta la leyenda popular que en algunos pueblos se escucharon frases célebres como: «Ponme la comida ya, que si viene el fin del mundo quiero morir harto», reflejando la mezcla de miedo y pragmatismo del momento.
Ingenio canario: Cristales ahumados y radiografías
En la década de los 50, las gafas especiales con filtros homologados no existían para el gran público. Los periódicos locales de la época lanzaron advertencias sobre los peligros de mirar directamente al Sol, pero la curiosidad fue más fuerte. Los canarios se las ingeniaron con métodos caseros para no perderse el espectáculo.
El método más popular y económico fue ahumar cristales de ventana con la llama de una vela hasta que quedaban completamente negros. Otros utilizaron negativos de fotografías veladas, gafas de soldador prestadas o, incluso, placas de radiografías antiguas.
Aunque rudimentarios y poco seguros para los estándares actuales, estos trucos permitieron a toda una generación presenciar la majestuosa corona solar brillando en el cielo oscuro.
El desembarco científico internacional
Mientras la población observaba con asombro, el archipiélago se convertía en un hervidero científico. Más de 40 expediciones internacionales de astrónomos y astrofísicos procedentes de Estados Unidos, Reino Unido, Francia o Alemania desembarcaron en las islas. El aeropuerto de Los Rodeos vio llegar aviones militares cargados de instrumental de precisión.
Este eclipse fue clave para la ciencia mundial. Los astrónomos quedaron asombrados no solo por el eclipse en sí, sino por la extraordinaria nitidez observada desde las cumbres tinerfeñas. Las observaciones confirmaron lo que Jean Mascart ya había intuido en 1910: Canarias albergaba una de las atmósferas más limpias y transparentes de todo el planeta para mirar al universo.
El impacto del eclipse total Canarias 1959 en la ciencia y el IAC
El éxito de las observaciones durante el eclipse de 1959 tuvo una consecuencia directa que cambió la historia científica de las islas. Aquel hito impulsó los primeros estudios científicos estables en Izaña a cargo de un joven físico, Francisco Sánchez.
Esta semilla fructificó años después con la creación del Observatorio del Teide y el nacimiento del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). Hoy en día, gracias a aquel eclipse, Canarias es una referencia mundial en astronomía y alberga algunos de los mejores telescopios del mundo.
Cita para el 2187
Si te perdiste aquel histórico 2 de octubre de 1959, vas a tener que esperar. Aunque es habitual ver eclipses parciales, el próximo eclipse solar total visible al 100% desde el suelo canario no se repetirá hasta el 6 de julio del año 2187. Los cálculos astronómicos confirman que el evento de 1959 fue el último gran eclipse de totalidad en el archipiélago para los próximos 160 años.
Aquella jornada de oscuridad total no solo nos dejó una de las mejores anécdotas históricas de las islas, sino que abrió los ojos del mundo hacia la calidad privilegiada del cielo de Canarias.

