Este antiguo volcán sumergido concentra cobalto, níquel y telurio esenciales para la transición energética. Sin embargo, su titularidad y explotación siguen en el aire.

Bajo las aguas del océano Atlántico descansa uno de los depósitos geológicos más codiciados del planeta. Se trata del monte submarino Tropic, un relieve volcánico extinto situado a unos 1.000 metros de profundidad al suroeste de las islas Canarias.

Con una antigüedad estimada en 100 millones de años, esta formación geológica ha ganado enorme notoriedad internacional. La razón principal reside en la riqueza de sus costras de ferromanganeso. Por tanto, su estudio atrae el interés de la comunidad científica y de la industria tecnológica global.

Un enclave clave para la tecnología del futuro

Las investigaciones oceanográficas han detectado una alta concentración de minerales críticos en sus laderas:

Por consiguiente, estos recursos sitúan al monte como un enclave estratégico para reducir la dependencia exterior de materias primas.

Disputa geopolítica: ¿a quién pertenece?

Pese a su proximidad geográfica al archipiélago, la delimitación jurídica de la zona aún no está resuelta:

Por ahora, ninguna legislación internacional determina que el enclave pertenezca en exclusiva a España o a Marruecos.

¿Es viable extraer estos recursos hoy en día?

La respuesta científica actual es rotunda: hoy no es posible. La extracción comercial de estos metales presenta obstáculos monumentales:

  1. Reto tecnológico: Operar maquinaria pesada a más de un kilómetro bajo el mar requiere una ingeniería que aún se encuentra en fase experimental.
  2. Impacto ambiental severo: La minería submarina causaría alteraciones irreversibles en los ecosistemas de profundidad y en la biodiversidad marina atlántica.
  3. Costes económicos: La inversión necesaria para extraer y procesar el material no garantiza su rentabilidad económica con la tecnología actual.

En conclusión, el monte submarino Tropic permanece hoy como una incógnita científica y geopolítica antes que como una explotación minera real. Su futuro dependerá de los acuerdos diplomáticos internacionales y del equilibrio entre la demanda de materias primas y la protección del fondo oceánico.